Final de cuento

Final de cuento


Bernardo Ruiz



Esto le hizo comprender su destino. Tomándolo en sus brazos el héroe comenzó a calcular, a medir sus fuerzas.

Ávido, ágil como látigo debía lanzarse, alcanzar el alambre que iba a conducirlo al árbol, a la escalera y a la salvación.

Así, el héroe comprendió por qué hay hombres capaces de vender su primogenitura por un plato de lentejas o imperios y reinos por un caballo.

Había sustituido su sueño y su cansancio por el ardor en los ojos y el niño. Estaba desesperado para no sentir el miedo. Sin más que su debilidad, el niño se apretaba contra él en la añoranza del seno de su madre.

Quiso pensar únicamente en la mirada de la mujer que en ese instante hubiera suspirado por él. Sintió la criatura apenas protegida por su cuerpo. Tras la ventana la noche aparecía iluminada por un resplandor intenso, casi tan bello como el tono de la piel de una mujer clara como la arena.

Sin dudarlo se impulsó desde el fondo de la habitación. Luego, la oscuridad. Claudia era hermosa cada noche, pensó en el aire, antes que lo invadiera una profunda nostalgia.


Exvoto


Copyright © 1996 Bernardo Ruiz
Copyright © 1981, La otra orilla, Bernardo Ruiz