
Escoger alguno. Tomar un pequeño cuerpo, escoger un
niño. Seleccionarlo entre todos los de la caverna. Uno al que
no asuste la luz de la antorcha. Uno que no sea deforme.
Todos miran como preguntando, como pidiendo algo. Su
hambre nace en el confín del alma. Sus mentes carecen de
recuerdos. Se aproximan hasta Helga con sus cuerpos
temblorosos. Saben que la noche es inmensa, como la estación.
Que el calor de la antorcha es el único en medio de la eterna
oscuridad.
Helga acaricia sus cuerpos desnudos, mesa
maternalmente sus cabellos. No hay emoción en su mirada
No importa, cualquiera. Helga lo apretará contra sí
misma; le dará el calor de sus brazos, de su cuerpo. La noche
será maravillosa.
Helga se admira con el cabello negro, mira los ojos
inquietos, negros y la timidez de un niño. La noche está
fría. Helga se aleja, estrecha contra su seno, abraza contra
su cuerpo el cuerpo de quien continuará su especie.
Copyright © 1996 Bernardo Ruiz
Copyright © 1981, La otra orilla, Bernardo Ruiz