Quién es Moriarty

La Historia


[(c)Liliana_Mercenario]

Habla Moriarty

Esta mañana (1/VI/96) tuve una visión. No se manifestaron ángeles, voces o santos, sino una intuición, como sucede a veces cuando se lee el periódico y se piensa que uno percibe algo inusual.

Finalmente, después de un largo y aburridísimo prólogo, la visión me dijo:
—Ve al Web y cuenta a todos tus mentiras, porque vives alejado de la verdad.

Entonces vine al Web y escribí todas las cosas que están en mi cabeza desde la infancia.

Ayer, por ahí de las 22:06 terminó mi infancia. Los nombres de mis padres son en extremo comunes: Ma y Paj. Para la gente que vive en la Ciudad de México —una de las más grandes del mundo— es difícil encontrar dónde viven mamá y papá, ni siquiera con la ayuda del directorio telefónico. Por eso espero siempre que me llamen, para saber que están bien.

Me pusieron Bernardo, como un santo francés que llevó a morir mucha gente a las cruzadas en el siglo XII o XIII. Nada que ver, san Bernardo fue una persona que jamás conocí. Acepto el nombre porque fue el de mi abuelo y, con el tiempo, me he acostumbrado.

Amo entonces decirme Moriarty, y que así lo hagan mis amigos. Muchas personas odian los sobrenombres, pero ignoran el hecho de que muchos apellidos —o todos— se deben a un apodo.

De cualquier modo, Moriarty, como Ruiz (mi apellido paterno) son patronímicos, de modo que no hay por qué molestarse.

—¿Por qué Moriarty?—, preguntaban al principio algunas almas curiosas. Es sencillo: El profesor Moriarty fue el más capaz enemigo de Sherlock Holmes. Moriarty era un matemático, un hombre de sabiduría y entendimiento, y un extraño aliado de Holmes. Una especie de Ying y Yang. Necesarios, enfrentados. Las memorias del doctor Watson tienen cierto interés gracias a la presencia de este personaje tan singular como cooperativo.

Admiro la pasión de Holmes cuando caza a un criminal. Su meta es atrapar a un hombre que sólo por beneficios económicos desafía las estructuras sociales, la ley y la justicia humana. En contraste, para Holmes, la ganancia es secundaria.

Él, Holmes, sólo quiso demostrar que el crimen es una mezcla de astucia y sabiduría entramadas con estupidez. Hasta que se enteró de Moriarty, un artista del mal, un verdadero artista. Su opuesto, la imagen en el espejo. Una razón para vivir. Un motivo para morir. Quizá Mycroft Holmes, el hermano de Sherlock, fuese más agudo que cualquiera de los dos enemigos, pero su falta de energía y pasión lo convierten en una pieza cualquiera de la maquinaria de las historias acerca de Holmes.

Bien, no me puedo comparar con Holmes; por tanto escogí ser Moriarty, a quien él ansiaba destruir.

A medianoche, al final de mi juventud, decidí convertirme en un artista, como Moriarty.

Desde entonces, perdí la timidez y mi inseguridad, me cansé de mi vacío —un vacío que yo percibía como el de la criatura del doctor Víctor Frankenstein. Y alcé la vista para contemplar esta mañana el amanecer. Y tuve mi visión. ¡Contémplenla!


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Copyright © Bernardo Ruiz, 1996