Tratado sobre vampiros

Breve guía histórica de lecturas



 
 
[Vlad III]
Copia de un retrato de Drácula
[Vlad Tepes o Vlad III]

Tratado sobre vampiros

I. DEL ORIGEN DE LOS VAMPIROS

 

Pocas cosas en el mundo me han interesado más que los vampiros. Más allá del si hay Dios y paraíso, si el demonio es el Mal, si los problemas del mundo tienen o no solución, la imagen del vampiro me acompaña desde la infancia como un ángel de la guarda, como una obsesión a cuya convocatoria se han ido aproximando un sinnúmero de fieles de todas las edades, y de todos los lugares del mundo, o bien y este tratado lo demuestra  como una vocación capaz sólo de cumplirse en el rito que evoca al ghoul, al upiro, siempre.

Me agrada del vampiro su aparente eternidad y su incorruptible carne. No lo percibo más cruel que al ser humano, y en cierta medida sólo me entristece en ocasiones que su existencia sea virtual, como la imposible imagen en el espejo que lo distingue de nosotros. Sin embargo, son tan reales como Álvaro Quijano, los Amadices y el Doctor Fausto, y por ello puedo referirme a ellos, los muertos-vivos, con tanta libertad como puede referirse uno a los espejuelos de Carranza o a los impecables trajes del presidente Díaz, rumbo a París, en el Ipiranga. Imágenes también que me dictan un secreto cuyos matices no alcanzo aún a descifrar.

Los vampiros, para la humanidad, son relativamente jóvenes. Su presencia en la literatura occidental no tiene más de tres siglos, aunque han habitado en la literatura hindú, en la árabe y en la china desde hace más tiempo; pero a ello habría que dedicar un ensayo específico, en la medida que su génesis y funciones difieren del occidental notablemente. Abundo: un biólogo hablaría de que los vampiros literarios provienen de una misma familia, y que difieren tanto en género como en especie aquellos de oriente y occidente.

II. LA GÉNESIS DEL VAMPIRO

Me referiré, entonces, al vampiro literario occidental, cuya cuna debe situarse paradójicamente en el Medio oriente, pese a que los historiadores ubican a las grandes hordas de vampiros en la Europa oriental. Este cruce debe atribuirse, precisamente, a que las fuentes originales del mito son todas del mismo siglo, el XVIII cuando Antoine Galland, por una parte, traduce Las mil noches y una noche en 1704 y Dom Augustin Calmet su Tratado acerca de los vampiros (1749).

II.1 ALGOL, EL GHOUL

 

Algol, en la constelación de Perseo, es la referencia castellana del ghoul, el vampiro árabe, un ser cuya vocación se define en la noche 538 de Las mil noches y una noche: La historia que contó el capitán de policía, el seiseno.

“Él salía a dar la batida por aquellos campos, a hacer abortar a las mujeres encinta, meter miedo y dar susto a las viejas y los chicos, aullar con el viento, ladrar a las puertas de las casas, chillar a media noche, merodear por las ruinas, hacer maleficios, alcocarras y visajes en las tinieblas, visitar los sepulcros, husmar (sic) a los difuntos y cometer, en fin, toda suerte de desafueros y toda clase de desmanes, violencias y atropellos. Y después de eso recobraba su apariencia humana de joven hermoso y tornaba a su casa.

“Y un día de entre los días le llevó a su esposa la cabeza de un hijo de Adán y le dijo:

Mira, Dalal: toma esta cabeza y cuécela al horno y pártela en pedazos, para que entre los dos nos la comamos".

Curiosamente, en esta historia el ghoul, el esposo de Dalal, en su apariencia humana es un joven tan bello como Sirio, la más cercana constelación; así se le compara, así se le nombra. Los varones que rondarán a Dalal, en esta noche 538, todos son semejantes a las estrellas en su hermosura; y para subrayar este efecto el narrador se refiere a ellos con el nombre de los astros.

En Le secret des mille et une nuits,(Ed, Robert Laffont, Paris, 1972) Michel Gall hace un estudio de las situaciones míticas y arquetípicas del hombre en la literatura oriental. La historia de la noche 538 (noches 945-948 en la edición facsimilar de Galland), aunque no es estudiada por Gall tiene en su construcción toda la estructura de un mito por descifrar.

La historia está llena de matices: Dalal, hija de un sultán, descubre en su niñez una pulga, a la que guardará en un jarrón de aceite hasta que crecida “como un búfalo del Nilo”, haya que degollar al insecto.

Dalal, para esto, tiene 15 años y su padre decide casarla con quien adivine la identidad de la pelliza de la pulga. 40 pretendientes fallan en la adivinanza. Un adolescente, bello como Sirio, descifra el enigma y obtiene a la doncella. Tras 40 días de himeneo, el joven pide permiso al sultán de llevar a su mujer a su palacio. Éste le es concedido.

Ya solos, Dalal descubre que su marido es un ghoul, dedicado a atormentar a quienes no son como él. Sin embargo, él mientras se siente honrado por ella acepta que Dalal no coma cabezas de hombres, sino carne de carnero, aunque gusta ponerla a prueba tomando la apariencia de las parientas de Dalal.

Así, un día toma la apariencia de su madre o de alguna de sus tías, para ponerla a prueba, y pareciera que ellas estuvieran al tanto de la identidad del ghoul y de los sufrimientos de Dalal. Durante un par de pruebas, la mujer se priva de delatar cualquier defecto de su marido, mas acepta reconocer sus extrañas costumbres con una aparente hermana de su padre.

El atormentador devela su identidad y jura devorar a Dalal, quien con una argucia logra huir del extraño ser.

Dalal tiene suerte, su hermosura atrae a la madre de un príncipe, que no tarda en firmar contrato matrimonial con la infortunada joven. Sin embargo, no está salvada de su primer marido, el ogro, quien con forma de carnero logra entrar al palacio y apoderarse de ella la noche de sus nupcias. Él la secuestra y nuevamente amenaza con devorarla. Refugiada en un retrete, Dalal invoca la protección de Seineb, la hija del Profeta, quien envía una genio en su ayuda. Ésta mata al ogro con un golpe en los testículos.

Entreambas tiran en una zanja el cuerpo del ghoul. Aunque la genio salvadora pide, además de un beso, un último favor a Dalal: robar una escudilla con agua del mar de Esmeralda (Sarbachada) para salvar a su hijo. Acción que a las genios está prohibida.

Al cumplir este deseo Dalal queda con la mano derecha manchada de verde.

Por esta acción la buscará durante largo tiempo y en diversos países el almotacén encargado de cuidar el mar de Esmeralda. La reconocerá por la verde marca de su mano y la aprehenderá para entregarla al sultán dueño de este mar, que se enamorará de su belleza.

Dalal explicará que es casada y el sultán para perdonarla de su hurto solicita un(a) sucedánea(o). Dalal le explica que posee una hija de diez años y se la concede.

La historia concluye al celebrarse las nupcias de la hija de Sohail y Dalal con el sultán del mar de Esmeralda. Y en la restante vida feliz de todos ellos.

Contada en 1704 por vez primera en una lengua occidental a partir de la traducción de Antoine Galland, la versión francesa de Las mil noches y una noche cambió la manera europea de contemplar el mundo.

Durante esos años, las historias de Defoe, el Paraíso Perdido de Milton o las fábulas de La Fontaine eran las que atraían a los lectores; la magia y la desparpajada forma de vida de los habitantes de las noches de Scherezada cautivaron la atención de los franceses del incipiente XVII.

Y entre ellas queda la historia de Dalal y Sirio (Canopée, en la versión francesa), el ghoul que ponía a pruba su honor, con un estilo que recuerda las pruebas de Barba Azul (Perrault,1798) a sus mujeres.

A un siglo de Shakespeare y de Don Quijote, pocos libros memorables emocionaban a los lectores del naciente XVIII. Sin embargo, Dudley Wright en The Book of Vampires (1924), uno de los primeros estudios serios sobre el tema, comenta que el tema de conversación en los grandes salones europeos —durante la tercera década del setecientos— era el vampiro, quien había tomado ya carta de naturalización en toda Europa.

Rafael Llopis en su Esbozo de una historia natural de los cuentos de miedo (Júcar, Madrid, 1974) atribuye a las relaciones de Olaus Magnus (circa 1700) el interés por este fenómeno. Consideremos que, por una parte, la brujería y su persecusión habían disminuido (su época de oro fue entre 1450 y 1692), y con ello la figura del demonio y su interacción en el mundo requerían de un substituto. Éste fue el vampiro.



Copyright © 1997, 1998, Bernardo Ruiz
Revisión más reciente: martes 9 de junio de 1998