II.3 OTROS ANTAGONISTAS

Además de Voltaire, diversos autores alzaron su voz contra la figura del vampiro. Todos ellos conocían bien el libro de Dom Calmet y por sí mismos habían escuchado o leído acerca de los revinientes.

No obstante, el que un miembro de la Iglesia se preocupara por un tema tan cuestionable como el de los vampiros, no pasaba inadvertido en Roma. Benito XIV (Próspero Lambertini) firmaba en 1749, tres años después de la publicación de Dom Calmet, una reconvención a estas creencias en una carta al Arzobispo de Léopold:

"He dicho acerca de este tema en mi obra acerca de la canonización de los santos que la conservación de los cuerpos no es un prodigio.

"Es a usted, como arzobispo, a quien corresponde sobre todo desenraizar esas supersticiones. Usted descubrirá, yendo a sus orígenes, que puede haber sacerdotes que las acreditan a fin de comprometer al pueblo, naturalmente crédulo, para que paguen exorcismos y misas.

"Le recomiendo de manera expresa prohibirlo, sin diferir, a aquellos que serían capaces de prevaricación tal; y le suplico quede bien convencido que sólo los vivos tienen que ver en estos casos."

Louis-Antoine de Caraccioli, biógrafo de Benito XIV, (París, 1783) ha conservado esta epístola; él mismo escribió una semejante en relación al vampiro del convento de Lublin, en Polonia, historia que le fuera narrada por el propio superior del monasterio.

" Apenas lo expusieron en la iglesia, donde debía reposar hasta el día siguiente, me advirtieron que su rostro se inflamaba de una manera sorprendente y que lo habían visto pasear por los dormitorios. Fui hasta su ataúd y reconocí, efectivamente, que estaba rojo como del fuego, y en consecuencia le ordené, en virtud de la santa obediencia, de no turbar el reposo de nadie, y le advertí que si él se abstenía de hacer el menor ruido, le haría cortar la cabeza e incrustar una estaca en su corazón."

Por supuesto, el monje vampiro hizo lo que le vino en gana y —cuenta Caraccioli— el superior también, es decir, no sólo cumplió con sus amenazas: además, en la corte del convento instaló una hoguera donde incineró el cuerpo del monje, que insistía en sus desobediencias, y aún en éstas, desató una terrible tempestad.

En consecuencia, el Obispo de Cracovia, enterado de la conducta del superior de Lublin, lo destituyó.

Igualmente, cabe citar por su extraordinaria lucidez y apego al método científico a Gerard van Swieten, arquiatra de su majestad la emperatriz María Teresa de Austria; a él debemos el deslumbrante Reporte médico acerca de los vampiros, que es todo un ejemplo del modo de razonar durante el Siglo de las Luces contra la superstición.

"En toda época, cuando la gente se encuentra ante hechos extraordinarios, de los que desconoce las causas, la atribuye a potencias superiores al hombre. Esto, la historia de todos los siglos nos lo demuestra. Las ciencias y las artes practicadas con sabiduría probaron la existencia de causas muy naturales, en los que los efectos asombraron a aquellos que ignoraban hasta la existencia de tales causas. Los eclipses, por ejemplo, provocaron grandes temores a pueblos enteros, que creyeron durante siglos que se trataba de prodigios. La astronomía, sanamente practicada, disipó tales temores y aquel espectáculo que pareció terrible una época, no nos aterroriza más..."

El escrito de van Swieten se ocupa en este tono de descubrir a los ojos profanos lo que ocurre con los cadáveres; sean los de aquellos muertos por causas naturales, sea por accidente, enfermedad o muerte violenta. Igualmente, ilustra respecto a la situación de los cuerpos exhumados bajo diversas circunstancias; tanto los embalsamados como los momificados por causas naturales, y aquellos que pese a su buen estado de conservación se vuelven polvo al abrirse el catafalco. Por supuesto, se refiere también a aquéllos que, a causa de un vacío óptimo, se oponen a la putrefacción.

Un caso de supuesto vampirismo inglés poco conocido, lo cita van Swieten, no sin cierta ironía. La historia se publicó en un opúsculo impreso en Londres en 1751:

"Durante el mes de febrero de 1750 abrieron la tumba de una antigua familia del condado de Devonshire: entre las numerosas osamentas y ataúdes podridos encontraron un cajón intacto de madera. Lo abrieron por curiosidad y encontraron íntegro el cuerpo de un hombre: la carne conservaba aún su consistencia natural; las junturas de las espaldas, del codo y de los dedos se mantenían flexibles; al apoyarse en el rostro, la carne cedía bajo la presión de los dedos, pero recuperaba su consistencia al cesar la presión; igualmente se experimentó con el resto del cuerpo; la barba estaba negra, y larga de cuatro dedos. El cadáver no fue embalsamado, ya que no denotaba signo alguno de incisión. El registro de la parroquia testimoniaba que después de 1699 a nadie se había inhumado en esa fosa. Aquí tenemos el caso de un vampiro inglés, que después de 80 años yacía tranquilamente en su tumba, sin molestar a nadie."

Van Swieten se refirió también a los hechos narrados por el Consejo de Olmutz y al caso de Arnold Paul — o uno muy semejante— narrado por Joseph Pitton dedTournefort, botánico de Luis XIV, en su Relation d'un voyage au Levant, así como a historias que él mismo había compilado, donde a partir de ignorancia, suposiciones, o alguna vieja rencilla contra un difunto se acusaba de vampirismo al cadáver.

El Reporte van Swieten finalizaba con una recomendación exaltada: reflexionar y evitar la cantidad de sacrilegios que la fiebre de los cazadores de vampiros propiciaba con la violación de tumbas y la maledicencia contra las familias a causa de sus incorruptos parientes difuntos.

"Se les acusa de hechiceros; entregan su cuerpo no solamente al verdugo, sino a la sentencia que subraya que pudieran haber sido castigados más severamente si todavía estuvieran vivos; y que incinerarán sus cuerpos con infamia a fin de que ello sirva de ejemplo a sus cómplices.

"¿Dónde están las leyes que autorizan tales sentencias? Se reconoce que no existen, pero fríamente alegan que la costumbre lo quiere así." (Los fragmentos del Reporte de van Swieten provienen de la traducción italiana de Giuseppe Valeriano Vanetti, publicados con el título de Considerazioni intorno alla pretesa Magia Postuma per servire alla storia dei vampiri, presentata al supremo Direttorio di Vienna dal signor Barone Gerardo Van Swieten, Archiatro delle Cesaree Maestà e Prefetto della loro Biblioteca, Nápoles,1781)

Y aquí terminan las historias de los revinientes. Las restantes pertenecen a la Historia y a la Literatura.



Copyright © 1997, 1998, Bernardo Ruiz
Revisión más reciente: martes 9 de junio de 1998