III.4 ANTES DE DRÁCULA: VARNEY THE VAMPIRE


No existe historia o tratado contemporáneo respetable acerca de los vampiros que no mencione a Varney the Vampire or The Feast of Blood, cuya traducción al español sería Varney el vampiro o la fiesta de la sangre. La mayoría de los autores atribuyen el libro a Thomas Preskett Prest. El volumen, de 868 páginas, lo editó y publicó en 1970 Sir Devendra P. Varma, en Arno Press de Nueva York, con base en la edición de 1847, ya que hubo una posterior, en 1853. Este año, 1997, se celebra el ciento cincuentenario de esta obra.

Las más precisas referencias a este trabajo están en The Natural History of the Vampire, del multicitado Anthony Masters, quien adicionalmente detalla la bibliografía de Prest. No obstante, un investigador francés, Jean Marigny, señala en Vampires, The World of the Undead (Thames and Hudson, London, 1994) que la obra, posteriormente, se ha atribuido también a James Malcom Rymer, aunque esto se afirma sin una referencia precisa.

Oscuro designio para esta novela, y para su autor, porque es la primera gran obra narrativa respecto al género. La novela se publicó como folletín y se reeditó en 1853.

En español no se conoce aún una versión completa de Varney the Vampyre. Sin embargo, en 1977, con el nombre de El visitante de la noche, la Editorial Mosaico de México publicó el primer capítulo del libro, sin referencia bibliográfica; se daba crédito al autor, mas no al traductor, quien hizo un trabajo de calidad excepcional.

Varney... cuenta con más de 220 capítulos que conforman la obra. Ya que no es fácil adquirirla por catálogo, el lector interesado puede consultarla en:

The Varney Compressed Archive Download Page

La procedencia del texto capturado para computadora (e-texto) fue un compromiso entre un grupo conocido como Science Fiction Round Table #1 (SFRT1) de Genie, un proveedor de Internet. Al pie de cada capítulo se comenta que estos modernos copistas buscaron “reencarnar este folletín de horror” a partir de una propuesta de James Macdonald, en noviembre de 1993; actividad que han continuado semanalmente. Llama la atención H. Liu (h.liu@juno.com) como editor responsable de este juego virtual en el que el lector espera con interés cada nuevo capítulo, tal y como sucedía en el siglo pasado con los folletines de Alexandre Dumas, Charles Dickens o Eugéne Sue.

Humphrey Liu pareció en un principio estar un poco al margen del trabajo de captura; sin embargo, a partir del capítulo 40, cuando hacía falta establecer una numeración adecuada de los capítulos, intervino para las anotaciones pertinentes. El trabajo, posteriormente, lo ha enriquecido. Los últimos capítulos de Varney han sido resumidos al detalle por Liu. Esto favorece la lectura de la obra, ya que la amplitud de los capítulos (de alrededor de 12 a 15 cuartillas en promedio) y la ubicuidad del vampiro (que viaja por parte de Inglaterra e Italia en infatigable busca de nuevas víctimas) ofrecen un panorama de los usos y costumbres de la Europa decimonónica. Dada la carencia de índices y notas bibliográficas o a pie de página en el texto virtual, los resúmenes de Liu facilitan la ubicación de las diversas peripecias de la trama.

Varney the Vampire tiene un ágil estilo: Thackeray y Fielding son autores que influyeron en Prest para el aliento narrativo y la tensión que necesitaba la obra. Asimismo, no es difícil notar en el autor su aprecio por Hoffmann y sus Elíxires del diablo, el Polidori de El vampiro, el Robert Maturin de Melmoth, el errabundo y el Mathew C. Lewis de El monje; todos ellos, ciertamente, influyeron en las atmósferas que evoca Prest, sin hacer a un lado a dos de los grandes escritores de novela gótica: Horace Walpole y Ann Radcliffe.

A partir de Prest, quien se muestra impresionado por Melmoth..., las más notables obras de vampiros comenzarán a distinguirse desde el título con el nombre del protagonista: es el caso de Carmilla y Drácula. Si bien Sir Francis Varney no alcanza un alcurnia tan alta como la de sus sucesores, no deja de ser por ello un terrateniente y un hidalgo. Y como los nobles vampiros que le precedieron y sucedieron, sólo puede ser muerto con una estaca en el corazón. Aunque éste no es su destino.

Al lector contemporáneo puede parecerle que Prest se excede en la peripecia y en la digresión, o a veces en un exceso de lugares comunes; sin embargo, la novela logra mantener su interés a lo largo de sus cientos de páginas. Sir Francis Varney no es un vampiro usual en la medida que deambula tanto de noche como de día. Será un antecedente de Drácula por su caracter frío y por su inteligencia, capaz de no detenerse ante nada; además de su omnisapiencia y capacidad de estrategia.

Preskett Prest decidió comenzar su novela con el ataque del vampiro a Flora Bannerworth, joven y bella descendiente de Marmaduke Bannerworth, quien muerto en 1640 acosa, casi 150 años después, a su descendencia empobrecida, pero de mejor corazón que sus predecesores.

George, Flora y Henry Bannerworth son los dueños de Bannerworth Hall, donde viven tranquilos y con estrechez pecunaria su orfandad —sólo les queda su madre—; hasta que una noche su hermana es atacada por un vampiro.

Un aparente escepticismo se apodera de ellos, ya que no creen en la posibilidad de que el fenómeno se explique a través de leyendas; aunque cada uno de los personajes reconocen para sí que la única respuesta al extraño ataque sufrido por Flora, al inicio de la novela, es la presencia de un vampiro en Bannerworth Hall.

Flora reconoce en el retrato de Marmaduke, su antepasado, al atacante. La única manera de comprobarlo es revisando su tumba, que está vacía. Al mismo tiempo, Sir Francis Varney se presenta en la casona familiar y, enterado de la situación de los Bannerworth, trata de comprar la propiedad. Ellos dudan y piden un plazo, mismo que sir Varney concede de mal talante.

Abandonados por sus coterráneos, excepto Mr. Marchdale, un viejo pretendiente de su madre, y el médico —Mr. Chillingworth—, los Bannerworth tratan inútilmente de comprender la desgracia que ha caído sobre ellos sin mayor fortuna. Ésta cambiará en apariencia con la llegada de Charles Holland, el prometido de Flora y, después, la de su tío, el almirante Bell, que se instituye como protector de los jóvenes Bannerworth.

La historia continúa con peripecias semejantes, donde por lo general el vampiro logra salir más o menos ileso de las balas que lo acechan o las emboscadas que le tienden.

Se nota con claridad en la obra de Prest la necesidad de intercalar y dejar abiertas otras historias para resolver momentos críticos, cuando era necesaria una rápida revisión de la obra para darle coherencia y aliento, así como un temor constante por la verosimilitud respecto a los revinientes en su obra.

Prest sin duda contempló con fascinación el rostro de Lord Ruthven, y admiró a Polidori por su trabajo (un guiño afortunado de su obra es la presencia del Conde Polidori en Italia) y quiso llevarlo más allá. De hecho, inició su obra donde Polidori había puesto el punto final a su relato.

El mérito de Prest, entonces, fue encontrar en la personalidad del infatigable y sarcástico Varney la fuerza para rescatar al vampiro como tema de la poesía, el mero relato o el folklore popular; y la capacidad para diferenciarlo y agregarle características en las que un postrer toque humano —de sensibilidad— persiste en la ferocidad del reviniente a lo largo de toda la novela.
 


Copyright © 1997, 1998, Bernardo Ruiz
Revisión más reciente: martes 9 de junio de 1998