III.4.2 El último capíulo de Varney el vampiro

Varney el vampiro o la fiesta de la sangre

Capítulo 220

(Conforme a la edición de Humprey Liu corresponde al 237)


La total destrucción de Varney el vampiro y conclusión


El manuscrito que había leído el clérigo con tanto interés, terminó aquí de manera abrupta. Llegó a la conclusión de que Varney había resucitado; y quedó más perplejo que nunca para formular una opinión respecto a la verdad de la narración que había terminado.

Una semana después que terminara lo concerniente a los papeles de Varney, el clérigo leyó en un periódico inglés el siguiente aserto:

“Resumimos del Algemeine Zeitung la siguiente y peculiar historia, cuya certidumbre, ciertamente, nos es imposible proclamar, pero aún posee el suficiente asomo de probabilidad como para inducirnos a presentarlo ante los ojos de nuestros lectores.

“Entrada la noche, hace unos cuantos días, un alto y melancólico extranjero llegó a registrarse en uno de los principales hoteles de Nápoles. Era él una persona que llamaba la atención; y fue considerado por quienes atendían el establecimiento como uno de los huéspedes más feos que hubieran habitado entre sus paredes.

“En poco tiempo se reunió con el propietario, y la siguiente conversación tuvo lugar entre ellos:

“—Quiero —dijo el extraño— ver todas las curiosidades de Nápoles, y entre ellas al monte Vesubio. ¿Habría alguna dificultad para ello?

“—Ninguna —aseveró el dueño—, con un guía adecuado.

“Con prontitud se le asignó un guía, quien salió con el aventurero inglés para hacer el ascenso de la incandescente montaña.

“Ellos continuaron hasta que el guía consideró prudente no seguir adelante, ya que una gran fisura por el costado de la montaña dejaba surgir una lenta corriente de lava que con abundancia decendía de un modo alarmante.

“El horrible inglés señaló, sin embargo, una vía segura de ascenso para llegar aún más alto, y procedieron hasta acercarse al borde del cráter mismo. El extranjero extrajo un saco de su bolsillo y lo aventó al guía diciendo:

“—Puede guardar esto en recompensa de su preocupación, y por acompañarme a través del peligro. Mas el hecho es que deseo un testigo para el acto que deseo cometer.

“El guía comentó que tales palabras fueron dichas con tanta calma que él creyó verdaderamente que el mencionado acto se refería a algún experimento científico, de esos que enorgullecen a los ingleses y replicó:

“—Señor, yo sólo estoy orgulloso de servir a tan generoso y distinguido caballero. ¿Hay algo en que pueda serle útil?

“—Tan pronto como le sea posible —dijo el extranjero— deje la montaña, demasiado cubierta por vapores sulfurosos, enemigos de la vida humana. Cuando llegue a la ciudad, haga publicar un relato de mi proceder, y de lo que dije. Dirá usted que usted acompañó a Varney, el vampiro, al cráter del monte Vesubio, y que, cansado y molesto por una vida de horror, se lanzó a él por sí mismo, para prevenir la posible reanimación de sus restos.

Antes de que el guía pudiera reaccionar más allá de un grito, Varney dio un salto tremendo, y desapareció en la llameante boca de la montaña”.

Fin

La próxima vez: ¿Quién sabe?

Traducción de Bernardo Ruiz



Copyright © 1997, 1998, 2002, Bernardo Ruiz
Revisión más reciente: diciembre de 2002